Como resultado de la construcción participativa del libro Ciudadanía y ONG se elaboró un decálogo de propuestas para el Tercer Sector ante el cambio de época

 

1. Cambiar las ONG: El Tercer Sector debe operar un cambio subs­tancial si quiere dar respuestas nuevas a una nueva sociedad. El impacto creciente de la crisis económica entre los más vulnerables y amplias capas de la población; la dependencia y reducción de los presupuestos públicos y la incidencia en su financiación; la crisis ins­titucional y de intermediación de las ONG y sus estructuras de representación; la sociedad digital y su impacto en la vida social y de las instituciones; la emergencia de nuevos mo­vimientos sociales y nuevas formas de par­ticipación; la amplitud y mayor presencia del voluntariado y solidaridad entre los mayores. Todos ellos son factores de este cambio de época que cuestionan los parámetros actuales de las entidades del Tercer Sector y requieren una reinvención si no quieren pasar a ser ob­soletas o reliquias del pasado.

 

2. Reforzar la voluntad transformadora: La atención a las personas más vulnera­bles, la función paliativa de situaciones de emergencia o la prestación de servicios a las personas no deben ser incompatibles con el compromiso de las ONG para luchar contra las causas que generan exclusión y su voca­ción transformadora.

Las ONG deben superar su “sectorializa­ción” actuando de forma más transversal y repolitizando su quehacer, vinculando su acción cotidiana a su participación en los procesos de cambio general de la sociedad. Se trata de conjugar las acciones específicas y la atención a las problemáticas concretas con la preocupación por la transformación del entorno y las estructuras que las ge­neran.

 

3. Transformarse internamente: La capacidad transformadora del contexto sólo será posible en la medida que las ONG sean capaces también de transformarse inter­namente. Se trata de “intransformarnos” para “extransformar”. En este proceso de trans­formación interna destacan tres claves: En primer lugar, cambiar los métodos y modelos de intervención, así como las competencias de los equipos. Segundo, fomentar su apertura a la sociedad, la participación, la transparen­cia y la rendición de cuentas. En tercer lugar, incrementar la capacidad de sumar, crear sinergias, compartir, cooperar. En definitiva, trabajar en red.

El Tercer Sector debe modificar sus estruc­turas verticales, centralistas y burocráticas y abrir espacios más horizontales, deliberativos y territoriales. También simplificar y hacer más eficientes las organizaciones.

 

4. Recuperar el alma de las ONG: A menudo las demandas de las administra­ciones o los condicionantes de la financiación han desenfocado, incluso desviado, a las en­tidades de su misión y de los valores que la conformaron.

Es hora de retomar el espíritu fundacional, actualizar todo aquello que se requiera en fun­ción de las nuevas necesidades y retos sociales y orientar el norte de las organizaciones en co­herencia con los valores que las caracterizan.

 

5. Incorporarse a la sociedad de la información: Las ONG han dejado de ser el principal me­canismo o canal de participación de la ciuda­danía. En este sentido sufren también la crisis de intermediación que vive hoy la sociedad en distintos ámbitos. Hoy los proyectos y causas concretas y el uso de las TIC aparecen como elementos dinamizadores de participación ciudadana, a menudo más masivos y efec­tivos que la “adhesión” a las organizaciones.

El Tercer Sector debe incorporarse a la so­ciedad red y utilizar las TIC, no sólo como un instrumento de mejora, sino también como vector de transformación, con el objetivo de fomentar la participación y movilizar a la so­ciedad a favor de sus propuestas, así como ser capaz de incorporar las inquietudes de la sociedad en sus propios objetivos.

 

6. Ampliar y reforzar la base social: Las organizaciones deben ampliar y reforzar su base social integrando colaboraciones voluntarias, profesionales, tecnológicas y económicas diversas. En las últimas décadas han dependido demasiado de las administra­ciones públicas, tanto en términos de fuente de recursos e incluso de orientación y se han dedicado de forma insuficiente a ampliar y reforzar su base social en tanto que cimiento fundamental del proyecto.

 

7. Ser espacios de alianza intergeneracional: La incorporación de jóvenes y mayores, y la suma de capacidades y activos intergenera­cionales son elementos nucleares para un cambio de la sociedad en términos de equi­dad y justicia. La mayor esperanza de vida y la posibilidad de ejercer una ciudadanía activa por parte de las personas mayores, más allá de su ciclo laboral, representan una aportación de un valor incalculable. Las ONG pueden ser espacios intergeneracionales por excelencia que superen estereotipos y fragmentaciones sociales por razón de edad y, a la vez, escena­rios de encuentro y trabajo compartido para una causa común.

 

8. Cooperar y colaborar: nuevas alianzas: El Tercer Sector debe relacionarse de forma más abierta, colaborativa y autónoma con los distintos agentes y sectores. Establecer redes y alianzas con las administraciones públicas, los nuevos movimientos sociales, el mundo empresarial, académico y los me­dios de comunicación. Cuando se trata de trabajar por lo común y por el interés público compartir conocimiento, capacidades, recur­sos y protagonismo es mucho más efectivo que competir y trabajar de forma separada y aisladamente.

 

9. Integrar lo económico y lo social: En un contexto de crisis que impacta de for­ma tan brutal sobre las personas, la comu­nidad y las instituciones, la integración de lo económico con lo social aparece como un reto y elemento esencial en el futuro del Tercer Sector.

Se trata de conjugar la iniciativa social con la económica y ser protagonistas también de una nueva economía al servicio de las perso­nas. Un reto fundamental en estos tiempos es conjugar la coherencia ideológica de los proyectos, su viabilidad económica y su pro­yección social.

 

10. Activar el debate en el Tercer Sector: Es importante que el Tercer Sector aborde con urgencia el debate de lo que le corres­ponde aportar y cambiar para ser útil social­mente. Hay que activarlo en el conjunto del Tercer Sector y en cada organización. En todo caso, la reflexión sobre el papel de las ONG y del Tercer Sector no es exclusiva del mismo. Hay que compartirla también con el conjunto de la sociedad y sus actores diversos, tam­bién con las políticas públicas. La sociedad debe responder a la cuestión y decidir en qué medida prefiere un país con o sin ONG y, en todo caso, para qué funciones las requiere.

 

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