Civilización digital: nuevas Instituciones para ciudadanos digitales

Análisis de los resultados del cuestionario

Ismael Peña-López

Cuando hablamos de civilización digital, es muy habitual que acabemos fijándonos en qué tipo de dispositivos (tecnológicos, digitales) utilizan los ciudadanos en su día a día y, especialmente, en sus actividades ciudadanas y solidarias. En nuestro texto de reflexión propusimos ir un poco más allá. Después de unos primeros apuntes alrededor de cambios de eficiencia y la eficacia facilitados por las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), planteamos una deriva centrada en los cambios del sistema y en el cambio de sistema.

En este sentido, la encuesta que invitamos a responder pretendía, a todas luces, poner el énfasis no en los usos sino en los cambios que la revolución digital podía promover en el ámbito de la acción ciudadana y la solidaridad. Queríamos promover un debate sobre si eran necesarias o no las instituciones y cuál era su papel en una nueva Sociedad de la Información, habida cuenta de que es precisamente la intermediación aquello que más cuestionan las TIC.

Por otra parte, y dado el creciente “aplanamiento” de las jerarquías y las relaciones entre instituciones y personas, proponíamos también repensar ya no el papel meramente instrumental de las entidades – es decir, como facilitadoras de determinadas acciones – sino su papel como un actor más dentro de una sociedad que vive una crisis económica y, según muchos, de representatividad y de valores democráticos. Cuando las TIC permiten a todos los ciudadanos tener una voz y la posibilidad de hacerla oír, ¿qué voz deben tener la ciudadanía organizada y cómo debe sonar?

 

La necesidad y papel de las ONG

Las entidades del tercer sector, más que nunca, son necesarias en la sociedad. Esta rotunda afirmación es de total consenso entre aquellos que responden a la encuesta. Es, además, una afirmación que viene reforzada por otras respuestas directa o indirectamente relacionadas con la cuestión de si es necesaria una institución que medie entre los ciudadanos y determinados aspectos de la vida pública.

Así, una primera consideración de importancia que se hace es que, de una forma o de otra, hay que organizar a la sociedad civil alrededor de sus intereses y sus metas. Y esta organización, formal, es parte de lo que puede proporcionar una entidad como una ONG. No obstante, es necesario distinguir entre dos aportaciones igualmente importantes que las ONG pueden ofrecer. La primera, más instrumental, es el apoyo organizacional, de coordinación, de infraestructura que pueda contribuir a una mejor consecución de los objetivos solidarios que se marca la sociedad civil. La otra, mucho más política, es el papel de interlocutor legítimo de las ONG, es decir, no una concepción logística de la entidad, sino una concepción de institución, institución que propone a, interlocuta con o pide rendición de cuentas a los otros actores sociales.

Apoyo con recursos y representación ante otros poderes son, sin duda, dos funciones que la sociedad civil todavía identifica con las entidades del tercer sector y, además, de forma reforzada.

De la estructura de las ONG

Si bien el papel de las ONG se sigue viendo necesario e incluso fortalecido, no ocurre lo mismo con sus actuales formas de funcionamiento.

Una de las críticas más duras – sobre todo en lo que representa en el fondo – que hoy en día se hacen a las ONG es su paulatina asimilación formal a partidos y gobiernos. En este sentido, se acusa una cierta “burocratización” e incluso “industrialización” de aquellas, en algunos casos incluso aquejándolas de ceder parte de los valores para no comprometer las fuentes de financiación.

Se sugiere, pues, el abandono de una estructura demasiado orientada a resultados cuantitativos, centrada en la provisión de servicios, para derivar hacia una acción más cualitativa y enfocada en valores.

Así, se ve imprescindible, como condición necesaria para este viraje hacia los valores, una mayor motivación e implicación de todos los grupos de interés con los que la ONG se relaciona, empezando por los propios miembros, voluntarios y simpatizantes. Con estos distintos grupos de interés, se espera un mayor diálogo – tanto en cantidad como en calidad – así como una mayor participación, en el terreno de la acción así como en el de la toma de decisiones.

Si bien estas demandas de mayor involucración y mayor participación son la norma general, la forma cómo esta involucración y participación debe tener lugar no es ni mucho menos una cuestión de consenso.

Una primera disyuntiva se presenta al calor de las manifestaciones y movilizaciones sociales sucedidas a lo largo de todo 2011 en el mundo en general y en España en concreto. Ante fenómenos como el 15M la opinión se divide entre pedir a las ONG que tengan un papel más activo, más directo, presente en las plazas, contra otro papel más centrado en la mediación, la sensibilización.

Esta disyuntiva tiene otra derivada que es la de presentarse personalmente en del debate o bien apoyar los movimientos con los recursos (materiales, humanos, financieros) de que disponen las ONG. Es decir, ser un actor de primera fila o ser un actor de apoyo en retaguardia.

Una tercera disyuntiva se da en cómo hacer todo lo anterior. Aunque hay cierto consenso en que es necesario un progresivo abandono de una arquitectura jerárquica con una posición centralizada hacia una posición más periférica y de apoyo, no hay un acuerdo sobre si ello debe realizarse desde entidades grandes con buenos enlaces a entidades más pequeñas, o bien las entidades deben atomizarse en aras de la flexibilidad y configurar redes de colaboración entre ellas.

 

ONG, información y conocimiento

Sí queda claro, por la opinión de los encuestados, que la información y el conocimiento toman un peso crucial con el cambio de época que estamos viviendo.

En lo que se refiere al plano más instrumental, se considera urgente la capacitación digital de las personas así como la digitalización de los procesos. Superada – en muchos casos – una primera fase de dotación de infraestructuras tecnológicas, la prioridad pasa a ser utilizarlas de forma eficiente y, sobre todo, eficaz.

Este uso eficiente pasa en parte por considerar la información como una materia prima y a la vez un producto de primer orden. Comunicar e informar sobre la propia actividad pasa a ser fundamental, sobre todo porque va estrechamente ligado al mayor trabajo y participación con los grupos de interés. Sin información, no hay implicación de ningún tipo.

A la transparencia como modo de operar se le suma la legitimidad y autoridad que proporciona el disponer de información de primera mano y objetiva. Ello debe constituirse como un nuevo activo a utilizar por las entidades. Estas deben posicionarse desde la información objetiva, personarse en los debates y diálogos legitimadas por dicha información, generada en sus proyectos y acciones humanitarias.

En un plano más abierto, es el conocimiento que genera y gestiona la entidad el que puede actuar de puente entre instituciones así como entre personas. El voluntariado virtual – un voluntariado centrado en el conocimiento – es una forma excelente no solamente de recuperar o retener experiencia y sabiduría, sino también de tender puentes intergeneracionales, teniendo el conocimiento como eje de conexión.

Se hace necesario recuperar las entidades de la sociedad civil organizada como punto de encuentro, de debate, de generación de opinión y punto de partida de la acción. Una plataforma que se fundamente en valores, la información, la transparencia y la sensibilización.

 

Sostenibilidad y compromiso

Las cuestiones anteriores tienen, al menos, dos puntos débiles sobre los que no hay una opinión común.

El primero es si la deriva hacia un mayor peso de la información debe ir en detrimento de la provisión de servicios o la acción directa. Estos últimos son los que proporcionan datos, contacto con la realidad y, a menudo, fondos para el sostenimiento de la misma organización. Se hace necesario, pues, poder compaginar el mayor peso de la información y el conocimiento con la necesidad de “cosificar” o “materializar” la acción social.

Otro frente abierto es el de la participación: no deja de ser paradójico que se pida mayor compromiso con la participación a las ONG cuando la participación misma parece ir a la baja tanto en el ámbito cívico como en el político. Si bien esto último puede ser causado en parte por la naturaleza misma de las organizaciones, es también cierto que la participación requiere de un compromiso personal inicial. Rebajar este último en aras de una participación más casual puede llevar a la frivolización y a lo que se ha venido a denominar slacktivism, el participar con un mero clic de ratón para pasar, acto seguido, a olvidar lo que se acaba de suscribir.

Por último, una mayor ideologización de las entidades así como una mayor participación en movimientos políticos – o fácilmente politizables – puede llevar a las ONG a perder su neutralidad y, en un terreno más prosaico de las cosas, a dificultar la obtención de fondos por parte de determinados colectivos, la Administración entre ellos.

 

De la teoría a la práctica

Sin lugar a dudas, uno de los grandes retos es cómo bajar este discurso al día a día de las entidades. El gran divorcio que hay entre teoría y práctica, entre academia y entidades del tercer sector, hace difícil ver cómo capitalizar ese gran repositorio de conocimiento que reside en las organizaciones de acción social. Cabe sistematizar el conocimiento que emana de la experiencia de las ONG.

Es especialmente urgente ver cómo lo digital debe interpelar a las ONG y cómo debe interpelar de forma distinta a los distintos modelos de ONG. Seguramente hay que identificar las cuestiones fundamentales sobre las cuales las ONG deben adaptarse a la nueva época.

Probablemente el poner en valor el conocimiento tácito y el capital relacional – revaluado gracias a las TIC – es un primer paso para adquirir una mentalidad de nodo, de ser uno más de la red, de pensar desde una lógica de compartir.

No obstante, es difícil compaginar esa necesidad de devenir un nodo con el papel de interlocutor autorizado que también se pide a las ONG. Es como poco complicado ser a la vez plataforma y cabeza visible de un movimiento. Entre un punto y otro, entre ser plataforma y ser portavoz, se sitúa la acción social y humanitaria. Esa acción, más allá de la asistencialidad, es transformadora y vector de transmisión de unos valores determinados. Esta es, sin lugar a dudas, la gran palanca que deben mover las entidades del Tercer Sector, vinculando a la comunidad y los grupos de interés para dotar de sentido a la acción social.

Y las TIC han demostrado ser capaces de instrumentalizar la participación transformadora, haciendo posible una mayor concurrencia eliminando las barreras del tiempo y del espacio, recuperando el talento perdido con un renovado concepto de pertenencia.

  • ¿Es una herramienta de trabajo o es una metodología de trabajo? ¿Contiene una ideología/filosofía de funcionamiento?
  • Las TIC permiten microtareas, microvoluntariado enfocado en la obtención y manipulación de información

Las ONG tienden a ver las TIC no solamente como una tecnología como un instrumento. Hay que dirimir si esas TIC son herramientas o también metodologías, así como si contienen embebidas determinadas ideologías y filosofías de funcionamiento. Hay que considerar en qué medida redefine también el concepto de liderazgo, si este es nuevo – y trae a nuevos actores – o es una transformación de los liderazgos tradicionales. Hay que ver, pues, si se trata de una revolución, de un cambio que trastoca las relaciones interpersonales e intergrupales y transforma los estilos de vida.

Impulsado y desarrollado por:

Fundación Esplai

 Datos de contacto:

  Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.