LO INTERGENERACIONAL, LOS ESFUERZOS POR UNA

SOCIEDAD MÁS JUSTA Y LAS ORGANIZACIONES NO

GUBERNAMENTALES

Carlos Giménez

INTRODUCCION

En 1993 se celebró el “Año Europeo de las Personas Mayores y de la Solidaridad entre las generaciones”. Naciones Unidas adoptó también ese concepto declarando que la “solidaridad entre las generaciones a todos los niveles - las familias, las comunidades y las naciones- es fundamental para el logro de una sociedad para todas las edades”. Aquella celebración y aquel término formaban parte de una corriente que se iba extendiendo y que no haría sino crecer.

En 2002 se celebró en Madrid la “II Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento” la cual, en su Plan de Acción Internacional, recomendó “elaborar iniciativas dirigidas a promover un intercambio productivo y mutuo entre las generaciones”. En 2009 la Comisión Europea llevó a cabo un sondeo sobre el estado de la solidaridad intergeneracional, detectándose la necesidad de más espacios de encuentro y colaboración entre generaciones y de políticas el fortalecimiento de las relaciones intergeneracionales. El actual año 2012 ha sido declarado “Año Europeo del Envejecimiento Activo y de la Solidaridad Intergeneracional”.

En Latinoamérica el campo intergeneracional se viene desarrollando con fuerza (véase, por ejemplo, Berzosa, 2004 o Borbón, 2009). En el caso de España el desarrollo de este campo es de considerable vitalidad. El IMSERSO puso en marcha en 2005, en base a la declaración anterior, una red temática dedicada a al promoción de las relaciones intergeneracionales (Red Intergeneracional) y en 2010 publicaba una Guía para los Programas Intergeneracionales.

La finalidad de este texto es facilitar una reflexión colectiva y un debate social acerca, primero, de cómo hacer de ese campo una vía para la transformación social hacia un mundo más justo y democrático y, segundo y ya más en particular, acerca del papel que las organizaciones no gubernamentales debieran y podrían desempeñar en ese cambio.

El documento se organiza en tres apartados. El primero, de planteamientos previos, se ocupa de definir el campo y de hacer algunas aclaraciones terminológicas. Después, se plantean cuestiones centrales para el debate, relativas a la situación actual, tendencias, relaciones de hecho y percepciones. Otras cuestiones remiten más al qué hacer o la intervención: aportaciones específicas, intereses comunes, espacios de colaboración, etc. Se cierra este segundo apartado considerando dificultades, obstáculos o barreras para la colaboración intergeneracional. En el tercer apartado abordaremos algunos de los caminos posibles, o necesarios, sugiriéndose profundizar en asuntos como aunar intergeneracionalmente esfuerzos frente a la pobreza y exclusión, trazar alianzas de género, trabajar desde el enfoque interculturalista, abrir una vía profundamente comunitaria en este campo, potenciar el diálogo cooperativo intergeneracional o configurar las organizaciones no gubernamentales como espacios intergeneracionales.

I.- PLANTEAMIENTOS PREVIOS

El campo de lo intergeneracional

En las dos últimas décadas, y cada vez con más extensión intensidad, se viene consolidando lo que se ha dado en llamar el “campo intergeneracional”. La “Red intergeneracional” lo ha definido como el “conjunto de conocimientos (teorías, investigaciones, práctica) y de acciones (en especial las políticas públicas y los programas intergeneracionales) encaminados a aprovechar de modo beneficioso el potencial de la intergeneracionalidad”.

En efecto, desde hace años y de forma creciente se celebran jornadas y se publican artículos sobre el particular, y sobre todo se ponen en marcha programas, se abren centros y en general se llevan a cabo prácticas que se adjetivan como intergeneracionales, configurando así un determinado campo. En el libro “Programas intergeneracionales. Hacia una sociedad para todas la edades” (Fundación La Caixa. Colección Estudios Sociales. Volumen 23) se indica que “un programa intergeneracional es un tipo de Práctica Intergeneracional (PI), que es aquella en la que concurren… tres características: participan personas de distintas generaciones, se produce gracias a cierta organización y gestión (no es espontánea); supone una relación de intercambio de recursos entre los participantes (énfasis añadido)”.

Por su parte, los “centros intergeneracionales” (también denominados centros intergeneracionales compartidos) son aquellos en los que “niños/jóvenes y personas mayores participan, conjuntamente y en el mismo emplazamiento, en servicios o en programas continuos; en este tipo de centros los niños/jóvenes y mayores interactúan tanto de manera formal, durante la realización de actividades intergeneracionales planificadas y periódicas, como en encuentros de tipo informal” (Goyer, 2001, énfasis añadido)

Edad y generación

Aunque el campo de lo intergeneracional incluye a todas las generaciones o, dicho de otro modo, es multigeneracional, en este texto al abordar la relación entre generaciones, nos centraremos en la relación que hay de hecho - y en la colaboración que sería posible - entre la generación de los mayores, que aquí entenderemos como los mayores de 60 años1, y la generación de los jóvenes, que referiremos al tramo de edad de los 16 a los 30 años2. Acabamos de remitir generación a edad, y esto requiere de otra precisión terminológica y conceptual previa.

¿Cuáles son las diferencias entre “edad” y “generación”? Podemos distinguir dos grandes campos del significado de “edad”. La edad es, por un lado, una realidad física, biológica y cronológica: tengo tal edad, hace tanto tiempo que nací… Por otro lado, la edad es una cuestión social, jurídica y cultural: en cada sociedad y cultura puede variar la definición de cuáles edades se distinguen entre sus miembros, qué roles y estereotipos existen con respecto a esas edades, qué derechos y deberes se reconocen - de hecho o de derecho - a cada grupo de edad, qué división y jerarquización hay según edades. En la investigación científico.- social es habitual referirse a los sistemas de estratificación y jerarquización de clase, etnia y género. Ese triángulo conceptual, y las relaciones entre sus dimensiones, resulta un mapa imprescindible y una hoja de ruta fructífera para prosperar en el análisis social. Pues bien, siempre que explico esto en clase, añado que bien pensado deberíamos añadir la estratificación y jerarquización por edades, con lo cual nuestro esquema ya se ha hecho un cuadrado y las conexiones se multiplican sobremanera.

La noción de “generación” también remite al ciclo vital de la persona, a su cambio, desarrollo y evolución biológica y sociocultural a lo largo de su vida, pero la generación:

  1. no se circunscribe tan directamente a tal o cual tramo de edad;
  2. engloba más al grupo que al individuo y
  3. remite más al proceso histórico.

Veamos un poco más despacio estos aspectos. El individuo puede pertenecer a una u otra generación – y en este sentido se solapa con los tramos o grupos de edad- pero la generación engloba por definición a los hombres y mujeres que viven o vivieron una determinada coyuntura histórica: la generación de los 60´s, la generación de la posguerra, etc. La generación señala, por un lado, la realidad biológica y sociocultural de la filiación humana, esto es, de la ascendencia y descendencia entre los humanos; así, nos referimos a “la generación de mis padres”, o “”la generación de mis hijos” o “la gente de mi generación”. Asimismo, en antropología social distinguimos – a partir del sujeto- entre la “familia de ascendencia” (generaciones hacia arriba o hacia los antepasados en la escala del tiempo, de nuevo de tiempo físico y del sociocultural) y “familia de descendencia” (generaciones hacia abajo o hacia los descendientes)

La articulación de la generación con el grupo de edad queda de manifiesto en esta reflexión de Carles Feixa, antropólogo especialistas en culturas juveniles, cuando plantea: “El primer gran rasgo estructurador de las culturas juveniles es la generación. La generación puede considerarse el nexo que une biografías, estructura e historia. La noción remite a la identidad de un grupo de edad socializado en un mismo periodo histórico” (1998, 88) A los efectos de este texto, y de la reflexión que trata de fomentar, considero que al centrarnos en “mayores” y jóvenes”, tal y cómo precisábamos al principio, podemos referirnos a ellos tanto como grupos de edad de nuestra sociedad como en tanto que generaciones con trayectoria y horizonte histórico dispar, si bien teniendo en cuenta las distinciones y matices recién expuestos. Ahora bien, esta es una propuesta que debemos debatir y sobre la que cada cual puede decidir una u otra cosa.

II.- ALGUNAS CUESTIONES CENTRALES

Planteemos ya cuáles podrían ser algunas de las cuestiones de relevancia en el asunto intergeneracional hoy día. Lo que nos interesa es reflexionar colectivamente sobre de qué manera lo intergeneracional puede ser un terreno propicio para avanzar en la construcción de una sociedad realmente democrática y más justa. Como segundo frente reflexivo, ya mucho más concreto, nos interesa indagar de qué forma lo intergeneracional es un terreno propicio de trabajo efectivo de las ONG.

1.- Situación, tendencias, diversidad: hacia un diagnóstico compartido

Requerimos ante todo establecer consensos, y disensos, sobre la situación en la que nos encontramos, esto es, hacer colectivamente un diagnóstico participativo acerca de dos aspectos: por un lado, la situación de jóvenes y mayores en la actual sociedad globalizada, en crisis económica y transformación social, y, por otro lado, acerca de las relaciones entre generaciones. ¿En qué situación demográfica, económica, tecnológica, actitudinal, conductual, etc. se encuentra cada una de esas franjas de edad?

En efecto, antes de abordar la relación entre generaciones es preciso considerar por separado a cada uno de nuestros protagonistas. Por un lado, tenemos a los mayores, respecto a los cuales lo primero que siempre se afirma es que el avance social en las condiciones de vida y salud está llevando a incrementar notablemente la esperanza de vida. Vivimos más años y ello hace que este grupo sea, y vaya a seguir siendo, muy numeroso. La incidencia de este hecho ha sido mostrada por sus repercusiones fiscales (jubilaciones, pensiones), la visibilidad de los mayores en los espacios públicos, los programas específicos de mayores, su relevancia como votante y destinatario de los mensajes electorales (e incluso de la emergencia de “partidos de mayores”), el nuevo papel de los abuelos en el apoyo familiar a sus hijos y nietos, el mayor en su perfil de voluntario que colabora en causas sociales, etc.

De cara al análisis de lo intergeneracional cómo posible campo de movilización social y democrática nos interesa particularmente explorar cuáles son las motivaciones y actitudes de los mayores. De una parte distintos análisis, informes y reportajes muestran que determinados sectores de mayores, debido a su edad, jubilación y otros factores, parecen querer ante todo tranquilidad, orden y ocio a su medida, etc. Y ello se asocia, al menos en parte, a posibles tendencias hacia el conservadurismo, a no querer meterse en cuestiones sociales, etc. Pero por otro lado, se conoce y comenta también la voluntad de amplios sectores de mayores por aprovechar las ventajas de una edad menos activa en cuanto a ocupaciones y responsabilidades, de su interés por construir un proyecto o estilos de vida interesante, creativo y a veces con dimensión solidaria, su participación como voluntarios a diferentes niveles de las organizaciones no gubernamentales o su motivación por aportar su experiencia vital y profesional.

Con respecto a los jóvenes, el discurso y el imaginario social se ha ido poblando de afirmaciones acerca de que no vivieron la dictadura, de la generación más preparada y más desempleada, de su diferente actitud hacia lo familiar y su diversidad, la vida en pareja o no, las opciones de sexo- genero, del impacto cualitativo de las nuevas tecnologías sobre la generación de los jóvenes, generándose con todo ello – y otros factores- estilos de vida y subculturas radicalmente diferentes a los existentes cuando los hoy mayores eran jóvenes.   Ahora bien, al contemplar en su conjunto la generación de los jóvenes” se constata de nuevo la imposibilidad de generalizar, sobre todo en los relativo a actitudes ideológicas, quedando claro que hay muy diferentes subgrupos y subculturas. Así pues y de cara a la reflexión colectiva podemos partir de la siguiente afirmación: cada franja de edad es internamente diversa, esto es, en cada tramo de edad y generacional hay subgrupos y perfiles diferenciados. La cuestión es cuáles observamos en la España actual.

2.- Aportaciones específicas, intereses comunes, espacios de colaboración

Pasando ya del necesario e imprescindible análisis a las cuestiones más cercanas para una práctica transformadora, podemos plantar tres.

En primer lugar, una de las maneras de trabajar contra las percepciones estereotipadas o sesgadas acerca de las generaciones es explicitar y reconocer las contribuciones específicas procedentes de cada generación, sobre todo aquellas que son relevantes en el anhelo y búsqueda de sociedades más justas y democráticas ¿cuáles vemos, de cuáles tenemos constancia? Por mi parte, y solo para animar el debate y a mero titulo de ejemplos sugeriría que los mayores – además por supuesto de su experiencia y a veces “sabiduría de la vida” - aportan o pueden aportar a la sociedad en general y al encuentro intergeneracional en particular, entre otras muchas cosas,

  1. memoria (no nostalgia): que podemos concretar en la conveniencia de no olvidar antiguas experiencias, valores, forma de vida que ya entonces fueron orientadas a la libertad, paz y la justicia y que no han perdido ni un átomo de su vigencia,
  2. el antidogmatismo (como nuevo pluralismo), pues muchos de los que ahora tenemos sesenta o más años hemos vivido etapas en las que afortunadamente hubo coraje político por parte de muchos pero también cerrazón y dogmatismo: hoy es posible un nuevo pluralismo, dentro de la defensa de la democracia y el estado de derecho y de bienestar.

Con respecto a los jóvenes – además de su posible contribución cualitativa desde la critica rebelde y la innovación- sugeriría también un par de ejemplos de lo que serían aportaciones específicas:

  1. ciudadanía cosmopolita, en el sentido de sentirse vinculados mediante redes trasnacionales a muchos otros que buscan un mundo mejor, cada cual desde sociedad concreta pero sin caer en las garras, trucos y campañas de la ideologías chauvinistas y xenófobas;
  2. fusión (no eclecticismo): esto es, nuevas síntesis, sincretismo, hibridación, mezcla, de lo que hasta el momento permanece separado (pensamiento y acción, lo serio y lo lúdico, lo intelectual y lo emocional…) y ello en una abanico muy amplio de manifestaciones ocupacionales, técnicas, artísticas, musicales, incluso ideológicas, etc.; sin caer en el eclecticismo acomodaticio, pienso que las generaciones más jóvenes están especialmente bien situadas para la síntesis creativa de nuevas realidades de progreso.

Otra cuestión clave es cuáles son hoy los intereses comunes entre mayores y jóvenes o cuales podrían irse planteando y construyendo. Pensar sobre esto, sistematizar desde este ángulo prácticas o experiencias exitosas en el encuentro intergeneracional, puede permitir trazar los puentes necesarios. En esta tarea podríamos diferenciar dos niveles. Por una parte, motivaciones tanto en jóvenes como en mayores hacia cuestiones de interés común, como son el desarrollo, la calidad de vida, la democracia o el respeto a la naturaleza y la sostenibilidad; en este primer nivel la tarea sería indagar más específicamente que terrenos de unión hay. Por ejemplo, si tomamos la democracia   y nos centramos en las criticas y propuestas lanzadas desde el Movimiento 15 M podemos ver cómo convergen una gente joven que denuncia un funcionamiento y una clase política que deja mucho que desear y una gente mayor que se siente defraudada con respecto a los ideales por los que luchó. Hay ahí campo de convergencia.

Un segundo nivel de la cuestión de los intereses comunes sería más particular o sutil, pues exige desvelar posibles convergencias a niveles más profundos…. o menos explícitos (como lo eran los enumerados en el párrafo anterior) Pondré un par de ejemplos. A mayores y jóvenes puede interesarles, en espacios de encuentro intergeneracional, el aprender y ya no solo de la experiencia compartida sino aprender del aliado de distinta generación. A jóvenes y mayores puede interesarles asimismo compartir espacios de servicio a la comunidad, esto es, de unir fuerzas, experiencias, estilos diferenciados a la hora de organizar espacios lúdicos, campañas, festivales, etc., tal y como de hecho viene ocurriendo: se trata de observarlo, sistematizarlo y ampliarlo.

Una tercera cuestión de relevancia, en este subapartado de temas a reflexionar de cara a la práctica, es las de los ámbitos actuales o posibles de colaboración intergeneracional. La cuestión a futuro es la de que espacios sociales, públicos y comunitarios, podemos señalar en la nuestra sociedad actual con la vista puesta en la promoción de la interacción positiva y colaboración entre generaciones. Aprovechando los programas, proyectos e iniciativas de los distintos departamentos de la administración local y de las organizaciones sociales podríamos hacer una tipología de esos espacios, así como un análisis de los factores por los cuales se produce en ellos el encuentro intergeneracional de forma adecuada y exitosa. Habrá que buscar con esmero y primor revelando espacios de gran potencial y poco sistematizados. Un ejemplo: un ámbito de interacción y encuentro intergeneracional es el cuidado, concretamente el cuidado de personas mayores por jóvenes, tanto aquellas situaciones en las que la persona joven está remunerada como en las que es voluntaria. Desde luego hay diferencias en uno modalidad u otra, pero en cualquier caso se trata de un espacio de encuentro que puede aprovecharse.

3.- Dificultades y barreras

La interacción positiva y la colaboración entre generaciones no es nada fácil, nunca lo fue. Y no es fácil por varios motivos. Diríamos que algunas de esas trabas lo son de “larga duración”, digamos que de siempre y que hoy día se expresan de tal o cual manera. Quizás haya, por lo demás dificultades que sean propias de nuestros tiempos. Convendría reflexionar en conjunto para descubrir cuáles son hoy día las principales barreras u obstáculos entre jóvenes y mayores. A modo de estímulo para la discusión sugeriré cuatro posibles barreras:

  1. La tendencia en las sociedades complejas actuales de lo que en otros escritos he denominado “endogamia relacional”, esto es, la relación casi exclusiva de cada cual con sus pares y homólogos;
  2. Los prejuicios y estereotipos existentes acerca de los grupos de edad; debemos reflexionar acerca de qué lugares comunes, tópicos, prejuicios y estereotipos, existen hoy día acerca de esas generaciones;
  3. Las jerarquías de poder entre generaciones, a las que nos referíamos al principio al complementar el esquema clase/etnia/género, jerarquía de poder tanto la tradicional del mayor tratando de dominar al joven, como las más contemporánea del culto a lo joven en cuanto a estilos de vida y cánones de belleza, moda, consumo, etc. y el efecto de ello sobre lo no jóvenes;
  4. La escasez de políticas, programas y lugares planificados para facilitar el encuentro entre edades.

III.- ALGUNOS CAMINOS A RECORRER

Tras ese planteamiento de cuestiones más ligadas a la reflexión, procede indicar otras temáticas más estrechamente vinculadas a la acción, así como definir posibles vías de acción. Comencemos por algunas propuestas con relación a la clase, el género y la etnicidad.

1.- Mancomunar esfuerzos frente a la pobreza y exclusión

El encuentro intergeneracional debe contemplar las condiciones y la calidad de vida de los ciudadanos, los agudos problemas y procesos hoy en día planteados con respecto al desempleo, los desahucios, etc. La agenda de los coloquios entre jóvenes y mayores, el contenido de los programas en los cuales colaborar debe nutrirse de esa primera y fundamental temática.

En este campo el diálogo intergeneracional puede orientarse tanto a la lucha solidaria contra los procesos generales de pobreza y exclusión en la sociedad como a la alianza entre mayores y jóvenes directamente afectados pues amplios sectores de los mayores y jóvenes viven en la insuficiencia, la precariedad, la falta de expectativas y la marginación.

A unos y otros les unes bien su situación de carencia y falta de calidad de vida, bien el rechazo y denuncia solidaria de lo que a amplias capas les ocurre.

2.- Trazar alianzas de género

Junto a la perspectiva de la posición socioeconómica, el encuentro y colaboración intergeneracional debe adoptar una perspectiva de género, de igualdad entre hombre y mujeres, de respeto a las diferentes opciones de sexo-género.

Y no se trata solo de trenzar puentes entre mujeres mayores y jóvenes, con tantos puntos en común, sino también de avanzar intergeneracionalmente, al menos, en:

  1. la colaboración de mujeres y hombres de diferentes edades en la lucha por la igualdad,
  2. en el avance hacia las denominadas nuevas masculinidades (por ejemplo, con círculos de diálogo de hombres mayores y jóvenes sobre la nueva ubicación del varón y
  3. el respeto a los derechos, identidades y expresiones de gays, lesbianas y transexuales.

3.- La utopía, el método y proceso del interculturalismo

Siguiendo el marco conceptual de clase, genero y etnia, y su complemento con edad /generación, plantearemos que el encuentro intergeneracional, además de las posición socioeconómica y de género, debe asimismo incorporar la variable de la diversidad cultural. Y para ello debe asumir, frente al racismo y la asimilación, una perspectiva interculturalista acerca de la gestión positiva de la diversidad y acerca de las subculturas de edad. He planteado en otros lugares cómo el interculturalismo supone un complemento critico del multiculturalismo, pues además de aceptar los principios de:

  1. igualdad de las culturas y
  2. celebración y respeto de la diversidad (asumidos por las políticas multiculturalistas) el interculturalismo pone el énfasis en la interacción positiva entre los sujetos etnoculturalmente diferenciados a partir del trabajo colaborativo en los intereses comunes.

Aplicado a lo intergeneracional, este enfoque permite afirmar con fuerza que entre jóvenes y mayores de una misma sociedad – aunque sean segmentos socioculturales diferenciados- existen puntos en común y asimismo entre jóvenes y mayores de diferentes bagajes culturales (autóctonos versus foráneos, payos versus gitanos, etc.).

Puede ser también relevante otra idea que he expresado en diversas ocasiones: el interculturalismo es tanto una utopía necesaria como un método y ante todo un proceso dialógico y conflictivo que debe ser regulado de forma participativa. Pues bien, en el encuentro generacional se expresa todo ello, puesto que supone una plasmación de una sociedad utópica sin dominio de unas edades sobre otras, supone una estrategia metodológica para avanzar y no deja de ser un proceso lleno de flujos y reflujos.

4.- La vía comunitaria

Otro énfasis que considero capital para el acercamiento y la colaboración intergeneracional es la vía comunitaria. No es aquí el lugar para profundizar en la naturaleza de la comunidad y lo comunitario. Hay comunidades de muy distinto tipo: vecinales, étnicas, religiosas, y hay diferentes concepciones según las culturas y los grupos acerca de lo comunitario. A los efectos de este texto, cuando se sugiere reflexionar sobre la necesidad de la vía comunitaria para el encuentro y la cooperación intergeneracional se hace desde la doble convicción de, por un lado, la enorme relevancia del ámbito local en lo que refiere a la relación y posible alianza entre generaciones y, por otro lado, lo idóneo de las categorías de la intervención comunitaria a la hora de avanzar con éxito en este campo (y en otros).

Como el resto de las personas, el joven y el mayor viven buena parte de su vida en el ámbito local, esto es, en un determinado barrio, pueblo, área y, en definitiva, en un territorio. Es ahí donde están buena parte de sus referentes cotidianos y simbólicos: el uso compartido de calles y parques, el asociacionismo local, las redes locales, las demandas y reivindicaciones de barrio, el funcionamiento de los servicios públicos, las comunidades educativas, la participación en el ciclo ritual y festivo de la localidades. ¿Hay relación entre jóvenes y mayores en esos ámbitos, cómo son, cómo trasformarlas en lugares de encuentro y colaboración?

La conexión positiva entre generaciones en el ámbito local requiere, como tantos otros aspectos de la fragmentada vida social, de planteamientos de intervención comunitaria. Allí donde las organizaciones no gubernamentales colaboraran a nivel territorial, involucran a las administraciones en planteamientos de interés común y cuentan con la ciudadanía, es posible superar la predominante sectorialización, fragmentación, solapamiento y descoordinación de las políticas e iniciativas sociales. En la medida en que se reconoce y potencia el protagonismo de los residentes, vecinos, comerciantes, profesionales y técnicos a nivel local es posible desencadenar creativamente la energía social, que en caso contrario, permanece estancada, desaprovechada. Ese marco y enfoque comunitario,   clave para otros aspectos de la vida social en democracia, lo es para también para que sea posible el encuentro y la cooperación intergeneracional.

5.- El diálogo cooperativo y mediado entre generaciones

Es preciso trabajar el diálogo cooperativo entre generaciones. Un diálogo orientado a la comprensión mutua, al descubrimiento de temas e intereses comunes y a la adopción de compromisos de acción conjunta. El diálogo implica escucha atenta, empatía, saber preguntar al Otro. El encuentro intergeneracional - que puede realizarse en espacios muy diferentes (asociaciones, centros de mayores, clubs deportivos y culturales) y con motivos bien dispares (jornadas, fiestas, movilizaciones) debe servir para superar los tópicos e ideas falsas que actúan de obstáculo o barrera entre generaciones.

Concretamente, esas conversaciones deben ayudar a superar, primero, las ideas y valoraciones acerca del Otro basados solo en suposiciones e informaciones indirectas y superficiales (prejuicios), así como para cambiar las imágenes fijas, distorsionadas y esclerotizadas (estereotipos) acerca del Otro. Muchos jóvenes piensan a priori que los mayores necesariamente son conservadores, que van a rechazar nuevos estilos de vida, etc. Por su parte, los mayores pueden creer que los jóvenes ya no tienen la motivación que había antes, que son unos consumistas a quienes solo les interesa tener esto o aquello, etc.

Nunca fue fácil el entendimiento de las generaciones en las familias (abuelos, padres, hijos) y no lo va a ser a escala comunitaria, pero es un camino que hay que recorrer. En ocasiones será viable y oportuna la interlocución directa entre mayores y jóvenes, y en otras ocasiones será conveniente mediar esos encuentros para facilitar la comunicación y adopción de acuerdos.

6.- Configurar las ONG como espacios intergeneracionales

Cuál está siendo el papel de las organizaciones no gubernamentales en este campo y cómo podría potenciarse esa labor son cuestiones que deberán ser abordadas en este debate sobre “Ciudadanía y ONG” que promueve Fundación Esplai y para el que está redactado este texto. Las posibles líneas de acción antes expuestas pueden facilitar parte de esa reflexión. Quisiera ahora sugerir otra posible línea de trabajo cómo es el configurar las ONG de solidaridad y apoyo no solo como espacios de igualdad de género y como ámbitos de interculturalidad sino como espacios intergeneracionales.

Se trataría de incorporar, de forma transversal, varias de las ideas anteriores a la composición, funcionamiento y actividades de las organizaciones sociales. De hacer explícita esa colaboración intergeneracional en el seno de la organización. De planificar actividades, métodos y procedimientos que favorezcan ese encuentro e interacción.

Espero que las consideraciones anteriores puedan suponer un acicate para la reflexión, el diálogo y la búsqueda por parte de la ciudadanía y las organizaciones sociales de nuevos horizontes de movilización, critica, propuesta y compromiso social.

Bibliografía citada y otras sugerencias de lectura

Bazo, T. (1996) “Aportaciones de las personas mayores a la sociedad: análisis sociológico”. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, número73, Madrid.

Berzosa, G. (2004) Elaboración de programas de relaciones intergeneracionales. Instituto de Gerontología y Servicios Sociales. Guatemala.

Borbón, M y M. León (2009) Relaciones intergeneracionales: encuentro de saberes y solidaridad. Universidad Nacional de Costa Rica.

Buz, J. y B. Bueno (2006) Las relaciones intergeneracionales. Informe. Portal de Mayores, número 66. IMSERSO: Ministerio de Sanidad y Política Social.

Feixa, C. (1996) “Antropologia de las edades”, páginas 319-335 en J. Prats y A. Martínez (eds) Ensayos de Antropologia cultural. Homenaje a Claudio Esteva-Fabregat. Ariel. Barcelona.

Feixa, C. (1998) De jóvenes, bandas y tribus. Ariel. Barcelona.

Vega, J.L. (1992) Las relaciones ente generaciones. INFAD. Badajoz.



1 La Organización Mundial de la Salud empela el término de “adulto mayor” para las personas mayores de 65 o más años de edad. He preferido incluir en esta franja a los que tienen 60 o más años, pero bien se podría incluir también desde los 55 años. Se trata solo de aproximaciones para entendernos puesto que lo verdaderamente relevante es cómo propiciar mayor y mejor relación entre jóvenes y mayores en general.

2 En la misma línea de la nota anterior, indicaremos que suele entenderse por “adulto” a quienes ya han dejado la infancia y adolescencia, incluyendo a quienes tienen entre 18 y 65 años. También como algo meramente aproximativo he preferido delimitar una franja de adultos jóvenes entre los 16 (podría pensarse en algunos casos y contextos desde los 14) y hasta los 30, pero siempre pensando no en una delimitación jurídica o institucional sino para el encuentro intergeneracional entre jóvenes y mayores.

 

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